martes, 10 de noviembre de 2015

la felicidad


La felicidad no tiene una definición universal, pero se intuye estrechamente vinculada a la riqueza, la belleza, la fama o el poder. En mi criterio, se trata de una concepción errada, ya que si bien es cierto que tales condiciones pudieran complementar el estado de felicidad, individual o conjuntamente jamás podrían por sí mismas originarla o darle permanencia.
La felicidad es un estado integral avanzado del ser humano racional, que crea una unidad entre el espíritu y las sensaciones físicas del cuerpo, generando un sentimiento de realización material y espiritual que representa la calidad de vida más acabada y reconfortante que un ser humano puede experimentar, cual no puede nacer ni mantenerse sin dos elementos exclusivos siempre a nuestro alcance y que le dan sustento: DIOS Y EL AMOR.


Como la felicidad es corporal-espiritual, cualquier acto que la produzca deberá satisfacer ambos elementos, por lo cual deberemos diferenciar entre un acto agradable y uno feliz. Como las sensaciones que captan nuestros sentidos corporales no perciben las espirituales, para ser felices deben vincularse las unas con las otras. Para observar la diferencia entre uno y otro, ejemplarizaremos: el acto de degustar un trago de vino en solitario solo produciría satisfacción corporal mediante nuestras papila linguales; pero al compartirlo con la persona amada, adicionamos la parte espiritual y lo convertimos en un acto feliz. Asimismo, realizar el acto sexual únicamente por satisfacer la urgencia natural produciría satisfacción corporal; pero si hacemos el amor con la persona amada, al vincular el sexo al espíritu, lo convertimos en un acto feliz.


La felicidad no es ni tiene por que ser permanente, sino que se constituye de momentos felices; por lo cual será más feliz quien acumule mayor número de momentos felices. Pero como  no todos los eventos agradables tienen por qué ser felices, lo que determina espacios en los cuales la persona no es feliz, nadie puede asegurar con propiedad que siempre ha sido feliz o infeliz.
Como quedó probado, para que un evento pueda reputarse como feliz requiere indispensablemente la parte espiritual que es interna; entonces también podemos deducir que somos nosotros en nuestro fuero interior quienes decidimos, al asignarle la cualidad de positivo o negativo,cual evento nos hace felices y cual no; esta última conclusión nos blinda frente a quienes pudieren desear hacernos infelices, porque nadie puede penetrar nuestro mundo interno,  y esto ciertamente es un privilegio exclusivo del único ser vivo a quien Dios dotó de razón e inteligencia: EL SER HUMANO.

La felicidad surge cuando deja de intervenir lo viejo -la memoria, el pensamiento- y uno deja que surja el momento presente con todo su esplendor.
La felicidad surge del ser consciente y del obrar apropiadamente en la vida cotidiana. La felicidad no puede buscarse, porque con el mismo “buscar” aparece el ego... y jamás se ha oído decir que alguien egoísta pueda haber sido feliz, al menos en los niveles que la vida otorga a quienes permiten disolver el “yo”.
En un nivel más elemental, la felicidad es una llamada universal de todo ser humano. Casi todo ser humano quiere por encima de todo alcanzar la felicidad, pero realmente pocos la consiguen. Da la impresión de que la felicidad no es de este mundo, como si fuera algo fugaz que circula a nuestro alrededor, pero que nunca llegará a invadirnos interiormente.
¿Cómo podemos definirla? Podríamos decir que es todo aquel conjunto de cosas buenas que cualquier ser humano es incapaz de no querer. Pero hay que decir, antes que nada, que la felicidad es un estado de ánimo, un estado del alma; es una vivencia personal, subjetiva, interior, que ve la propia vida y siente de ella una impresión positiva (felicidad) o negativa (infelicidad).


Se siente feliz aquella persona ocupada en desarrollar esa inclinación natural, que trabaja por llenar su vida de contenido, superando todas las dificultades que irán surgiendo con el tiempo en el intento de conseguir esa empresa.
¿Qué cosas son las que pueden hacer feliz al ser humano? ¿El dinero, la riqueza, el poder, la fama, la gloria, la salud, el bienestar, los distintos placeres, el verse libre de preocupaciones? La felicidad es siempre una ilusión, un proyecto incompleto, inacabado, que está siempre haciéndose. Pero, de una forma concreta, la felicidad descansa sobre dos pilares: conocerse a sí mismo, por un lado, y tener un proyecto de vida, por otro. Ahí se esconde la felicidad.
Ser feliz consiste, por tanto, en aquella forma de vida que desarrolla el mismo ser humano, en la que despliega una personalidad hecha, sólida, firme, con sello propio, con la cual se siente identificado, a gusto, satisfecho, tranquilo, en paz interior. Esta es la puerta inicial de entrada para la felicidad.


Una persona desequilibrada, desajustada, neurótica, inmadura, sin hacer, será muy difícil que se sienta feliz, porque no se ha encontrado consigo misma, no ha hallado la clave que le armoniza por dentro y le hace una conducta adecuada y positiva por fuera.
El proyecto de vida no es otra cosa que anticipar el futuro prolongándolo aproximadamente. El proyecto personal debe tener tres ingredientes esenciales: amor, trabajo y cultura. Estas van a ser las notas fundamentales que lo definen. Si la felicidad es proyecto, futuro, anticipación, quiere decir que la felicidad consiste en vivir con ilusiones, en vivir hacia delante, con esperanza.



El amor es la pieza clave de la felicidad. No hay felicidad sin amor. Por amor tiene sentido la vida. Nada hay tan grande como el amor. El amor es la fuerza que nos impulsa a seguir buscando nuevos caminos a recorrer. Pero existe una gran variedad de estilos y de formas de amar. Desde el amor a la patria, pasando por el amor a la justicia, al orden, a las antigüedades, hasta llegar al amor entre un hombre y una mujer o el amor a Dios. Aquí nos vamos a referir especialmente al amor humano, al que se establece entre dos personas de distinto sexo.
Según eso, podemos afirmar que el amor es un sentimiento grato, positivo, goloso, alegre, mediante el cual quedamos prendidos de otra persona con la que queremos compartir la vida. El amor es así un regalo de la naturaleza, gracias al cual la vida se ilumina y todo cobra un relieve especial.
El trabajo es algo decisivo en la vida de un ser humano. Nos pasamos la vida trabajando. No hay felicidad sin amor y sin trabajo, ambos conjugan el verso «ser feliz». La satisfacción por el trabajo bien hecho, terminado en su momento, retrata a la persona que lo hace.
Y la cultura es libertad, porque es criterio y saber a qué atenerse.

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